NARRATIVA DE UN REPRESENTANTE LITERARIO

Es martes por la noche.

Los martes son un día extraño. Día de tránsito, y cansancio. No son el comienzo de la semana y el final de la misma aún queda lejos, de manera que los martes son días de paso.
Soy agente literario, asesor editorial y represento a autores con talento, o al menos, con talento desde mi punto de vista.

Hoy ha sido un día doblemente extraño. Primero por ser martes. Segundo, por la charla que he mantenido con un par de conocidos mientras compartíamos un café. 
El caso es que uno de ellos me preguntó qué hacía exactamente un representante de autores que, además, es asesor literario. La pregunta me resultó extraña, como el día, pero decidí atenderla.

Le expliqué que un agente literario se encarga de descubrir talento para tratar de promocionarlo. Le expuse que la parte más emocionante de mi trabajo consistía en tomar una obra que hasta hace unos días se encontraba en la mente de un escritor y lograr que meses más tarde llegue a ser plasmada en un libro. Es asunto difícil le comenté, sobre todo porque el talento escasea hoy en día. Por cada veinte o treinta personas que entran en contacto conmigo definiéndose como escritores, sólo un par ha escrito algo medianamente coherente. Y de todos los que escriben algo decente sólo uno de cada diez, además, tienen ese “algo” que hace que tanto ellos como sus obras puedan ser de valor para una editorial y para el público que decida leerlos.

Cuando terminé de explicarle estos detalles a mi amigo, me espetó otra pregunta aún más inútil que la anterior. Me miró riéndose y soltó el típico: “¿Y te vas a hacer rico con esa actividad?”.
Extraño mundo este en el que lo único importante parece hacerse rico.

No importa que quien te lo pregunta no sea millonario ni vaya a serlo jamás. Desde el momento en que alguien te hace esa pregunta, parece como si te vieras obligado a defender tu negocio.
A la gente no parece bastarle que alguien trabaje decentemente en algo que le guste, pague su vivienda, tenga vehículo propio y dinero en el bolsillo. No… Si has de ser algo en esta vida, hay que ser millonario. De lo contrario siempre habrá alguien una martes cualquiera, con un café de por medio, que te preguntará a qué te dedicas para no ser rico ya.

Es lo triste de esta sociedad urbanita de principios de siglo: Nada interesa lo que hagas, ni si te apasiona o no; Ni si te hace feliz o no… Sólo importa si te hará millonario.

Dudo mucho, sinceramente, que mi trabajo me haga rico alguna vez. No lo pretendo. De hecho tengo una forma de trabajar que parece especialmente diseñada para no hacerme rico nunca.
Le dedico meses de trabajo a cada escritor a quien decido representar. 

Le ayudo a mejorar su manuscrito, le asesoro acerca de sus carencias, sus puntos fuertes, los errores que podrían hacer que un editor no aceptase el texto o, peor aún, que los lectores no lo encontrasen interesante. Y eso, cobrando poco, bastante poco, sinceramente. Por eso siempre digo que he diseñado una forma de trabajar que no me enriquecerá jamás.

A cambio, eso sí: Disfruto.

Disfruto cuando veo que uno de mis autores firma su contrato de edición; Confieso que lo paso bien cuando le veo presentar su obra ante el público o que adquiero uno de sus ejemplares en una librería… Esos ínfimos detalles inmateriales me aportan una sinestesia de emociones: Orgullo, valía, sensación de trabajo cumplido.

Quizá debería haberle explicado todo esto a mi interlocutor en el café de hoy, pero supongo que a alguien que termina por preguntarte si te harás rico con tu trabajo, nada de lo anterior le interesa lo más mínimo.

Es martes por la noche y regreso a casa. Me cruzo con decenas de personas embutidas en sus vehículos haciendo cola ante un lejano semáforo en rojo. Les veo a través de los cristales de sus coches y percibo el cansancio. Es tarde y la mayoría de ellos llevan diez horas trabajando en algo que no les satisface, que no les gusta, para lo que nunca se prepararon ni soñaron desempeñar. Son los mismos idiotas que esperan poder encontrarse algún otro martes con alguien que sea rico y que satisfaga sus preguntas sin sentido.

A veces me planteo: ¿Por qué nadie persigue sus sueños?… ¿Tanto trabajo le cuesta al ser humano dejar a un lado una vida que no le gusta, que en muchos casos le crea ansiedad y agotamiento, para buscar su destino?.

Esa es otra de las satisfacciones que me deja mi trabajo a diario. No importa a qué se dedican los escritores que me contactan. Ni siquiera importa que muchos de los que me envían un email no sean buenos escribiendo y por lo tanto no les pueda representar. Todo eso es lo de menos. Lo que verdaderamente importa es que todos, sin excepción, han dado un paso adelante y sacan tiempo de sus ocupaciones automatizadas y diarias, para hacer lo que les gusta, lo que les inspira, con lo que sueñan: Escribir.

Soy el depositario de los sueños de personas que no se rinden y que quieren compartir lo que escriben, porque les apasiona escribir, con total independencia de que algún día sean escritores leídos o no. ¿Se harán ricos con esa actividad? preguntaría un idiota. Estoy seguro de que ninguno de mis escritores se plantea esa cuestión. Hacen lo que les apasiona y eso es lo mejor.

Me gusta mi empleo. Es martes por la noche y no soy uno de esos conductores amargados que esperan que el semáforo se ponga en verde para llegar a casa pronto, cenar lo de siempre, ver el mismo programa de televisión que de costumbre y regresar a la cama a adoptar la misma postura de cada noche. Mañana será miércoles para todos ellos y volverán a hacer lo de costumbre de manera rutinaria. Matarán por tomarse un café con alguien a quien hacer preguntas sin sentido a la espera de respuestas brillantes.

Es un día extraño. Un día de tránsito. No es comienzo de semana y el final aún queda lejos. Soy asesor de autores y representante literario. Trabajo con gente interesante que hace lo que les gusta. Y eso no es poco. Eso, de hecho, es ser rico en muchos sentidos.


BLOG: representanteliterario.wordpress.com
Anuncios
Los comentarios están cerrados.
A %d blogueros les gusta esto: