LA RELACIÓN ENTRE “SER”, “HACER” Y “TENER” O LOGRAR

HOY QUERÍA HABLAROS DE LA RELACIÓN ENTRE SER, HACER Y TENER O LOGRAR EN ESTA VIDA.

Dicen que un día el presidente Kennedy planificó con sus asesores una visita a las instalaciones en la NASA para conocer de primera mano la tecnología que allí se manejaba, así como el elevadísimo grado de especialización de los mejores ingenieros del país en su carrera espacial frente a la URSS.

La multitud se agolpaba en el exterior de la puerta principal del edificio ejecutivo de la NASA al que iba a llegar el mítico presidente, porque nadie quería perderse el evento.

Justo en el instante en que llegaba la comitiva presidencial con sus coches negros y blindados, con el revuelo, alguien vuelca una papelera en las cercanías y una limpiadora se apresura a recoger todo lo que se había desparramado en la entrada.

En ese momento se baja el presidente Kennedy y, como gesto, se acerca antes de nada a la limpiadora que se encontraba terminando de adecentar la zona.

Cuando ella le saluda, el presidente le pregunta cuáles son sus funciones allí.

La limpiadora respondió segura: “Ayudo a poner satélites en órbita y a llegar a la Luna, Señor Presidente”.

Esta anécdota viene a reflejar la importancia de igualar lo que hacemos en nuestro trajín diario con algo más importante, algo superior a estas tareas, y que no perdamos nunca de vista el objetivo que perseguimos en la vida.

Evidentemente todos tenemos al cabo de cada jornada mil asuntos que resolver. Son temas menores, muchos de los cuales molestan y los hacemos con desgana, pero esto suele ser así porque, o carecemos de una visión superior de qué tratamos de alcanzar en nuestra vida personal, o bien lo hemos olvidado.

Aquella limpiadora sabía que recoger los desperdicios y las basuras de Cabo Cañaveral y mantener limpias las instalaciones de la NASA era su forma de contribuir a que las mejores mentes del país, encerradas durante semanas en aquellas instalaciones sin ver a sus familias, pudieran trabajar en un entorno más agradable y eficiente.

Sabía que ella no era ingeniera en telecomunicaciones, ni física, ni experta en matemáticas de alto nivel. Pero también comprendía que, desde su puesto, estaba contribuyendo, con lo que podía y hacía, a un fin mayor hacia el que se encaminaban todas aquellas personas y el país: LA CONQUISTA DE LA LUNA.

¿Tendría otra forma de ver el mundo?. Pues claro que sí. Una más sencilla, directa y, desde luego, mucho más destructiva: Podía ser una simple limpiadora, hacer el trabajo de una limpiadora más en el mundo, y terminar teniendo o logrando una vida frustante al estar rodeada de personas con fama, reputación y dinero que trabajaban por causas históricas.

Eso la habría destruído, como en la mayoría de los casos nos ocurre a todos nosotros cuando confundimos nuestra vida, con lo que hacemos cada día. O cuando dejamos que este o aquel comentario nos afecte, o que esta o aquella circunstancia nos doblegue.

Lo que somos (y cómo decidamos ser en cada momento) define lo que hacemos y cómo lo hacemos. Y los dos aspectos anteriores, terminarán por definir lo que alcancemos en la vida.

Tratar de manipular el último apartado (lo que tenemos o logramos) no sirve de nada, si no actuamos en el primer eslabón de la cadena: Lo que somos y cómo decidimos ser en la vida.

Podemos ser desconfiados, y haremos y lograremos desonfianza en todos los órdenes de nuestra vida.

Podemos ser desdichados o creernos poca cosa y eso será exactamente lo que exportaremos en nuestras decisiones, actuaciones y trabajo diarios, para terminar viviendo una vida frustrante.

O podemos creer en lo que hacemos. No perder el tiempo creyendo que nuestras ocupaciones nos definen, y ser mejores en lo que quiera que hagamos.

Como todo en la vida es una cuestión de elección.

Al escritor, como a cualquier otro profesional o responsable de cualquier servicio, proyecto, asunto o producto, le ocurre lo mismo:

¿Qué haces?  ¿Sólo escribir, o tratar de aportar algo a quienes algún día lean lo que tienes en la cabeza hoy?

¿Qué haces? ¿Trabajar, cumplir tu horario y listo? ¿O tratar de ayudar a las personas que tienes cerca, y mejorar el rendimiento de todos?

¿Qué haces? ¿Dar crédito a quienes te desprestigian o menosprecian lo que haces? ¿O los ignoras consciente de que haces lo que puedes, lo mejor que puedes con los recursos disponibles y tratando de alcanzar un objetivo superior a lo que ahora mismo tienes entre las manos?.

Cuando escribes, como cuando trabajas en cualquier otro asunto, reflejas lo que eres y cómo piensas. No puede salir de tu pluma (o de tu teclado) nada bueno si tú no eres bueno (en calidad personal, no en el sentido religioso del término).

Cuando haces algo, eres una extensión de cómo piensas. Porque no podemos actuar si previamente no estamos pensando y “siendo” nosotros. De forma que terminamos manchando o iluminando lo que hacemos en función a cómo somos por dentro.

Mejorar nuestro estilo literario, o nuestra calidad profesional, no es más que un apéndice de una mejora que debemos emprender como personas. Sólo así se alcanza la excelencia en cualquier arte.

Se acerca el fin de semana y con ello, ha concluído una jornada más con otros 5 días ya pasados. ¿Qué haremos a partir de hoy?… O, mucho mejor expresado ¿Cómo seremos a partir de hoy?

Anuncios
Los comentarios están cerrados.
A %d blogueros les gusta esto: